Recurriendo al tópico y a todo lo leído, cuando contemplas UIurú por primera vez, sientes que todo lo que has visto hasta ahora en tu vida ha sido un espejismo. Una enorme piedra (que no montaña) de roca roja como la sangre, que cambia de color en función de la luz. Plantada en medio del desierto rojo, contrastando con plantas verdes (ha llovido mucho antes de llegar) y negras de los troncos de carbón se ha quemado en los múltiples incendios. Y recortando la piedra sagrada, el cielo más azul que jamás haya visto.
Y esa textura de la piel de la montaña…. Mi primer pensamiento fue: “Esto está vivo”. Y es que nunca he visto una cosa que parece un gran trozo de mineral, teóricamente muerto, pero que tiene mucha más vida que muchos muertos vivientes que he visto en las ciudades. Y la forma… órgánica. No tiene forma de un mineral. Tiene la forma de un organismo vivo.
Brenda se emocionó. No podía parar de llorar al contemplar semejante belleza. Philip se quedó callado y no soltó ninguna carcajada, y eso si que era una novedad. Yo empecé a hacer fotos como un loco. Como si fuera el último momento posible en intentar captar semejante belleza. Pero me equivocaba. Uno solo puede contemplar, meditar sobre lo ordinario. Porque lo extraordinario no está reservado, por lo menos, para mi.
Y lo mejor que puede hacer uno es callar y admirar. Y sentir el magnetismo. Está a flor de piel. Como si fuese una central nuclear y le saliera el uranio por todos sitios. Pero energía de la buena. Como un canal de comunicación entre el centro de la tierra y el resto del universo.
Mi alucinación total llega cuando veo en una parte de Uluru, grabado en la roca la forma gigante de lo que sería un gran cerebro humano.
Sounds of silence.
Philip nos invita a Brenda y a mi a una cena bajo las estrellas del desierto de Australia. Nos llevan a ver la puesta de sol, con Uluru como gran polo de referencia. La cena es de lujo total y nos sentamos en una mesa con:
1. pareja japonesa
2. pareja británico-australiana
3. pareja holandeses
Evidentemente, el británico me felicita por lo de España. Y yo digo en perfecto inglés y voz alta que los holandeses no saben perder, que han jugado a desequilibrar a España, pero que el talento de los españoles está por encima de esa táctica tan primitiva. (En ese momento yo no sabia que había dos holandeses en la mesa). Ellos muy correctos me felicitan por la victoria y yo les digo que el segundo puesto está genial para Holanda. Pura diplomacia en el mejor estilo ibérico. Evidentemente, me paso la noche hablando con la pareja británico-australiana y sonriendo a los holandeses.
Tenemos música de ‘digeridoo’ que hace un ambiente muy aborigen. Vemos el rojo del horizonte que se fusiona de una manera imposible con el azul añil del cielo. Intento ver el punto de unión entre el rojo intenso y el azul del cielo y me resulta imposible. Y poco a poco, empiezan a aparecer las estrellas. Os imagináis lo que puede ser ver las estrellas en el desierto de Australia.? Pues yo tampoco hasta entonces. Viene un aborigen y nos cuenta que significan las estrellas para su pueblo y como ellos rigen su cultura a través de las estrellas. Aprendo lo que no está escrito y me vuelvo a hacer muuyyyyy pequeñito delante de tanta magnificencia. Si sigo así de humilde me voy a convertir en la no-nada… Y uno está muy mayor ya para empezar a no ser nada.
Y es que Australia, en cada esquina, te hace cada vez un poco más pequeño con tanta magnificencia. Repito que solo aquí uno se puede dar cuenta del poder de la naturaleza, de los elementos y de lo complejo que puede llegar a ser tener un cierto equilibrio con el entorno.
Hemos conocido a unos italianos Pia y Alberto de Palermo que nos han pedido acompañarnos a ver Uluru y Kata Tjuta (Las Olgas). Muy simpáticos y agradables al estilo siciliano. Nos levantamos por la mañana a las 5.30am para ver el amanecer en Kata Tjuta. Hacemos un recorrido de 8km alrededor de las montañas. Parecen una creación de Gaudí. No me emocionan tanto como Uluru, pero tienen mucha magia. Hago una foto de una mariposa en un pequeño embalse de agua que refleja el oro de las montañas cuando el sol del amanecer decide darle los buenos dias. Como para celebrar el milagro de que cada dia amanece, que no es poco.
El paseo por Kata Juta es divertido y educativo. Y casi al final del camino nos aparece… un canguro rojo! Parece que realmente existen los canguros en Australia. Pero por la carretera, ni uno. Pero…
….existen los canguros en Australia!
He comprado una pintura aborigen en el Centro Cultural de Uluru. Me he enamorado de la obra de arte. Ha sido pintada por una de las mujeres de uno de los grupos aborígenes cercano. Me aseguran que el 60% del dinero es para ella y el 40% para ayuda a la comunidad aborigen. Es mi forma de dar las gracias. Es mi otro regalo de cumpleaños. Y ya van no se cuantos. Este año parece que me quiero mucho. Estoy muy ilusionado porque me parece que una parte de la magia de Australia está en ese cuadro. Y eso no tiene precio. La pintura si. Aquí un detalle de la misma. Magnético?
El centro de la tierra solo está en un sitio para mí. Y parece que no es Barcelona.

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