Es curioso ver como el desierto desde el cielo es muy parecido a las pinturas que los aborígenes hacen con puntos. Tienen confiduraciones muy parecidas. Es como si fuesen capaces de ver el desierto como lo haria Google Maps y ser capaz de pintarlo. Cuando interpretas un cuadro que utiliza esta técnica siempre tiene la perspectiva de in picado. Por lo tanto, tienen la capacidad de imaginar su territorio desde el aire sin haber volado nunca. ... o quizá si: en sueños...
Resulta que los peces de Australia que están en los ríos y lagos ponen los huevos dentro del barro que queda después de la sequía. Y ahí sobreviven hasta que el agua vuelve al lago y entonces la vida vuelve.
Seguimos nuestro viaje hasta Cobber Peddy, tierra de mineros, de extracción de ópalo y de las casas bajo la tierra. Me recuerda la canción de los Midnight Oil que decia:
“Out where the river broke
The bloodwood and the desert oak
Holden wrecks and boiling diesels
Steam in forty five degrees
The time has come
To say fair's fair
To pay the rent
To pay our shareThe time has come
A fact's a fact
It belongs to them
Let's give it back
How can we dance when our earth is turning
How do we sleep while our beds are burning”
O sea, que peor que en Sevilla. Que las casas se excavan bajo la tierra porque es la única forma de sobrevivir en esta tierra tan árida. Dormimos en un hotel que era una antigua mina. Nuestra habitación es un agujero excavado en la tierra. Y el color de la pared es rosa-terracota. Todo un espectáculo.
Nos levantamos antes del alba, para variar, y nos cascamos 800km hacia el corazón de Australia. Y se hizo el milagro: la tierra se puso de un color rojo intenso. Y el paisaje empezó a cambiar. Y nosotros también empezamos a ser otros, a cambiar. Nos transmutamos y reconvertimos en amantes de Australia para siempre.
...Y ni un canguro…
Llegamos al llamado ‘Red Center Australia’. La tierra se puso de un color rojo en variaciones imposible. Se puede sentir, pero no explicar. Además tenemos la suerte de que ha llovido mucho y está todo de un verde intenso. Y el contraste con el rojo le da una vida y una sensación de intensidad que te llega a la retina, pasa a los nervios, te sacude el sistema límbico, los metatarsos y las falanges.
‘El gallina de piel’ que diría Cruyff en su español entre equivocado y surrealista.

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